Agua e ingeniería en entornos límite: Islas Canarias

Canarias se enfrenta a una de las situaciones más singulares y complejas en la gestión del agua en Europa. La ausencia de ríos permanentes, la irregularidad de las lluvias y una demanda condicionada por el turismo masivo y la agricultura intensiva obligan a desplegar estrategias extraordinarias. En este contexto, la ingeniería del agua se convierte en un instrumento de adaptación, anticipación y transformación del territorio.
Una de las soluciones más implantadas ha sido la desalación, hoy fuente estructural de abastecimiento. En islas como Lanzarote, Fuerteventura o Gran Canaria, más del 50 % del agua potable proviene del mar (estudio).
Si bien esta tecnología ha garantizado el suministro en zonas con escasa agua superficial o subteránea, también presenta retos. La mayoría de las plantas desaladoras canarias dependen aún de energía convencional, generando una doble vulnerabilidad: hídrica y energética. El coste medio de producción se sitúa entre 0,5 y 1,0 €/m³, lo que supone una barrera económica para ciertos usos si no se optimiza la eficiencia energética.
Sin embargo, ya existen ejemplos de transición. Instalaciones como la EDAM Las Palmas III han incorporado eficiencia operativa y autoconsumo renovable, (EMALSA), y proyectos como DESAL+ LIFE o la desalación undimotriz del ITC Canarias apuntan a una desalación libre de emisiones.
Gobernanza, infraestructura y reutilización.
Canarias no tiene un problema de tecnología, sino de gobernanza, mantenimiento y cultura del agua.
La Ley Ley 12/1990 de Aguas de Canarias estructura la planificación hidráulica de forma insular, estableciendo un Consejo Insular de Aguas por isla y considerando cada una como una unidad hidrogeológica diferenciada. Aunque esto permite adaptar los planes hidrológicos a las especificidades de cada territorio, también genera una fragmentación institucional que responde de manera desigual a desafíos compartidos. Esta dispersión multiplica los costes, ralentiza la coordinación entre islas y limita la capacidad de adaptación del sistema hídrico canario a retos globales como el cambio climático o las sequías prolongadas.
A este problema estructural se suma una infraestructura obsoleta. En algunos municipios de Canarias, hasta un 25% del agua se pierde antes de llegar al grifo, (Revista de Obras Públicas). Esto convierte la red en una hemorragia silenciosa que agrava la escasez.
Cerrar esta fuga sistémica exige inversión urgente, digitalización y monitorización continua. Solo así será posible detectar fugas en tiempo real, optimizar el consumo y construir una red inteligente que responda a los desafíos actuales y futuros.
En territorios áridos como Canarias, la reutilización del agua debería ser una prioridad estratégica, pero continúa siendo una práctica marginal. A pesar de contar con la tecnología y un marco legal favorable, su implementación real sigue siendo limitada.
Ejemplos como el de la depuradora de Valle de Guerra, que suministra agua regenerada de alta calidad a 2.000 agricultores en Tenerife (Diario de Avisos), demuestran su enorme potencial. Este tipo de iniciativas deberían ser la norma y no la excepción, especialmente en un contexto donde cada gota cuenta.
De la urgencia a la oportunidad.
Lejos de victimismos, Canarias tiene potencial para liderar una revolución técnica en la gestión insular del agua
El Salto de Chira —con su integración de bombeo reversible, desalación y almacenamiento energético— es una prueba concreta de que la unión entre agua y energía no es una idea, sino una infraestructura operativa. Por otro lado, la central hidroeólica de El Hierro sigue siendo un referente internacional de autosuficiencia renovable.
El cambio climático no es una hipótesis, es un condicionante. Las proyecciones climáticas apuntan a una reducción de las lluvias netas, aumento de la irregularidad pluviométrica y mayor frecuencia de eventos extremos (RTVC Canaria). No hay margen para la improvisación. La ingeniería tiene que trabajar con modelos de riesgo, planificación climática y lógica preventiva, no reactiva.
El futuro exige una ingeniería regenerativa. Una ingeniería que solucione problemas, anticipe impactos, fortalezca ecosistemas y responda al contexto. Las soluciones genéricas no sirven. Necesitamos sistemas hechos a medida del territorio, con visión ecológica y capacidad de transformar cada gota en una decisión estratégica.
La dimensión invisible de la resiliencia.
En Canarias, el agua es un recurso natural y una herencia cultural viva. Durante siglos, la escasez forjó una inteligencia colectiva basada en el ahorro, el reparto justo y la gestión comunitaria. Sin embargo, ese vínculo profundo se ha debilitado.
El turismo masivo, la urbanización dispersa y la desconexión creciente con el ciclo del agua han erosionado una tradición que era tanto técnica como social. Hoy, reconstruir esa relación es tan urgente como reparar una red hidráulica obsoleta.
Hace falta una educación ambiental real —transformadora, no decorativa—, participación ciudadana efectiva y máxima transparencia en cada paso del proceso. Recuperar la gobernanza social del agua no es una mirada al pasado, es una apuesta por la resiliencia y la sostenibilidad del futuro.
La experiencia Giroenviro.
Reconocemos la singularidad y el valor de las ideas y nos comprometemos a escuchar, diseñar y ejecutar proyectos que no solo cumplan, sino que superen todas tus expectativas.
