Berlín, referente europeo en sostenibilidad y vida urbana

Cuando Daniel Ospald, colaborador de Giroenviro, nos comentó su interés por escribir en nuestro blog y compartir sus reflexiones, no lo dudamos ni un segundo. Su mirada joven, internacional y comprometida con la sostenibilidad encaja a la perfección con los valores que defendemos en nuestra empresa.
Queremos agradecerle su iniciativa y darle la bienvenida a este espacio, que hoy se enriquece con su visión sobre la ciudad, la innovación y los retos ambientales. Estamos convencidos de que sus aportaciones serán de gran interés para quienes nos siguen y buscan inspiración en la construcción de un futuro más verde y resiliente.
Bienvenido, Daniel, y gracias por sumar tu voz al proyecto de Giroenviro.
El equipo de Giroenviro S.L.
Una mirada joven a la capital europea de la sostenibilidad.
Berlín es una de las ciudades con más historia de Europa. Fundada en 1237, testigo del auge y caída del Tercer Reich, dividida por un muro durante casi tres décadas y reunificada en 1989, hoy representa una ciudad en constante transformación. Para muchos jóvenes es sinónimo de tecno, libertad y startups, pero para mí, que he tenido la oportunidad de vivir aquí como estudiante, Berlín es también un modelo de sostenibilidad y urbanismo verde.
Soy Daniel Santiago Ospald, estudiante de Negocio Digital y Ciencias de Datos y colaborador de Giroenviro. Llegué a Berlín con la idea de estudiar y vivir en una capital vibrante, sin imaginar que acabaría viendo en ella un ejemplo real de cómo una ciudad puede renacer desde las ruinas hacia un futuro más sostenible. En esta entrada quiero compartir algunas de mis experiencias, aprendizajes y reflexiones sobre la manera en que Berlín ha sabido equilibrar desarrollo, innovación y naturaleza.
De los jardines reales al cinturón verde de Berlín.
Las raíces de la tradición verde berlinesa se remontan al siglo XVII, cuando se construyeron los primeros jardines privados para la nobleza. En el siglo XVIII nacieron los Volksparks, parques públicos pensados como espacios de ocio para el pueblo. Sin embargo, durante el crecimiento industrial del siglo XIX, el desarrollo urbano avanzó más rápido que la planificación ambiental, dejando las zonas verdes concentradas en los espacios históricos.
El gran cambio llegó a comienzos del siglo XX con el Jansen-Plan (1910), el primer plan de ordenación moderna del Gran Berlín. Por primera vez, la planificación urbana incorporaba un anillo interior y exterior de parques, bosques y praderas.
La ciudad comenzó a adquirir así una estructura verde que serviría de base para su expansión futura.
La Segunda Guerra Mundial interrumpió ese proceso y dejó la ciudad prácticamente arrasada. Pero tras la guerra, el arquitecto Hans Scharoun impulsó el Scharoun-Plan (1950), un ambicioso proyecto de reconstrucción que apostaba por devolver protagonismo a los espacios abiertos y naturales. Berlín se reconstruyó entre escombros, pero siempre con la idea de mantener viva su relación con la naturaleza.
Durante la década de 1980, la aprobación de la Ley Federal de Protección de la Naturaleza y la Ley de Protección de la Naturaleza de Berlín consolidaron este compromiso. Se desarrollaron los primeros planes del paisaje (LaPro), centrados en la protección del ecosistema, la biodiversidad, los usos recreativos y la gestión del suelo. Estas políticas urbanas han permitido que Berlín mantenga hoy una estructura verde ejemplar.
Actualmente, más del 51 % de la superficie de Berlín corresponde a zonas verdes o cuerpos de agua, con más de 2.500 parques y jardines. El Tiergarten, con 210 hectáreas, supera incluso al Hyde Park de Londres. Según la Agencia Europea de Medio Ambiente, Berlín ocupa el octavo puesto en el ranking de capitales europeas con mayor infraestructura verde, muy por encima de París (26 %) o Roma (34 %).
Lograr algo así en una metrópoli de casi cuatro millones de habitantes demuestra que la sostenibilidad urbana no es solo un ideal, sino una decisión política y social sostenida en el tiempo.
Tempelhof, del poder y la guerra al parque ciudadano.
Pocas historias representan tan bien la transformación berlinesa como la del aeropuerto de Tempelhof.
Su origen se remonta a 1909, cuando se utilizaba para vuelos de dirigibles Zeppelin. En los años treinta, bajo el régimen nazi, el aeropuerto fue ampliado para convertirse en un emblema del poder del Tercer Reich. Con una terminal monumental de más de un kilómetro de longitud, debía ser el mayor aeropuerto de Europa. La guerra detuvo su construcción, y el complejo quedó a medio terminar.
Tras la derrota alemana, Tempelhof fue ocupado por los aliados y se convirtió en escenario del puente aéreo de 1948, cuando Estados Unidos y Reino Unido abastecieron por aire a la ciudad bloqueada por la Unión Soviética. Aquella operación, con un avión aterrizando cada dos minutos, transformó Tempelhof en símbolo de libertad y resistencia.
Durante las décadas siguientes, el aeropuerto fue también un centro de glamour: artistas, músicos y deportistas internacionales llegaban por sus terminales. Sin embargo, con el tiempo su tamaño y ubicación se volvieron inviables, y en 2008 cesó su actividad.
Dos años más tarde, en 2010, el espacio se reabrió como Tempelhofer Feld, un parque urbano de 380 hectáreas, mayor incluso que el Central Park de Nueva York. Hoy es uno de los parques más grandes del mundo dentro de una ciudad.
En 2014, un referéndum impidió su reurbanización: los berlineses eligieron conservarlo como un gran espacio público para el ocio, el deporte y la cultura.
Tempelhof se ha convertido en símbolo de resiliencia y sostenibilidad urbana. Donde antes hubo despegues y guerra, hoy hay huertos comunitarios, ciclistas y familias paseando. Un recordatorio de que incluso los espacios marcados por la historia pueden renacer con un propósito nuevo.
El ecosistema de startups que impulsa la transición verde.
La sostenibilidad en Berlín no se limita a sus parques: también se refleja en su economía y en su ecosistema emprendedor. La capital alemana es hoy uno de los grandes hubs de innovación de Europa, con unas 40.000 empresas registradas cada año y más de 500 nuevas startups.
Factores como el coste de vida relativamente bajo, la diversidad cultural y la gran actividad social la convierten en un entorno ideal para jóvenes emprendedores. Aunque Londres sigue liderando el mercado, Berlín ocupa el segundo puesto europeo en atracción de inversión, con más de 2.200 millones de euros anuales destinados a nuevas empresas.
Dentro de este panorama, destacan especialmente las startups verdes, que combinan tecnología e impacto ambiental positivo. Dos ejemplos que me han llamado especialmente la atención —y que conozco de cerca— son Miles Mobility y Enpal.
Miles Mobility nació en 2016 como una aplicación de car-sharing. Empezó con apenas 25 coches y hoy cuenta con una flota de más de 25.000 vehículos en varias ciudades europeas. Su objetivo es ofrecer movilidad flexible sin necesidad de poseer un coche, reduciendo así la congestión y las emisiones urbanas.
Tuve la oportunidad de trabajar en Miles durante cinco meses y puedo decir que su filosofía es coherente: eficiencia, sostenibilidad y servicio cercano. En un contexto de huelgas o problemas en el transporte público, su modelo demuestra que la movilidad compartida puede ser parte real de la solución urbana.
Por otro lado, Enpal, fundada en 2017, representa el futuro energético. Esta greentech se ha convertido en un «unicornio europeo» al democratizar el acceso a la energía solar. Su propuesta consiste en ofrecer instalaciones fotovoltaicas sin pago inicial, mediante un sistema de alquiler o compra flexible. Hoy cuenta con más de 100.000 clientes y 5.000 empleados, creando la comunidad de energía renovable más grande de Europa.
Más allá de los números, Enpal demuestra que la transición energética puede impulsarse desde la iniciativa privada, sin depender únicamente de grandes políticas estatales.
Ambas compañías muestran que la innovación puede ir de la mano de la sostenibilidad, y que Berlín es un laboratorio vivo de soluciones verdes que ya están transformando la forma en que vivimos y nos movemos.
Lo que Berlín me enseñó sobre sostenibilidad.
Jamás habría imaginado que el niño que creció en las calles de Santa Cruz de Tenerife acabaría llamando hogar a una ciudad tan distinta como Berlín. Lo que más me sorprende es su capacidad de adaptación y cambio constante: aquí nada permanece igual por mucho tiempo, y precisamente por eso sigue viva.
Berlín enseña que las ciudades pueden reinventarse, incluso después de su mayor destrucción. Que los espacios grises pueden volverse verdes. Que la sostenibilidad no es una meta lejana, sino un proceso que se construye día a día, desde el urbanismo, la innovación y la conciencia ciudadana.
Quizás por eso me gusta pensar que Berlín no es solo una ciudad verde por sus parques, sino también por su espíritu: un lugar que, una y otra vez, vuelve a florecer.
La experiencia Giroenviro.
Reconocemos la singularidad y el valor de las ideas y nos comprometemos a escuchar, diseñar y ejecutar proyectos que no solo cumplan, sino que superen todas tus expectativas.
